Algunas pautas de comunicación intercultural
01/10/2010 Deja un comentario
Entre las distintas dimensiones relacionadas con las operaciones de comercio exterior, la comunicación entre personas procedentes de diferentes culturas es uno de los aspectos que me parecen a la vez más interesantes y difíciles de dominar. En este artículo, voy a procurar ofrecer algunas pequeñas pautas que nos ayuden a la hora de realizar una comunicación intercultural efectiva.
Por supuesto, las diferencias generadas por la comunicación verbal son un aspecto que vamos a tener que gestionar cuando tratamos con personas procedentes de una cultura distinta a la nuestra. Incluso entre personas que utilizan la misma lengua nativa, no es rara la posibilidad de que se establezcan equívocos o fallos de comunicación, que en ocasiones pueden resultar hasta desastrosos: Por citar algún ejemplo, los nativos de España solemos utilizar con profusión un sinónimo del verbo “tomar” que los habitantes del Cono Sur identificarían como una forma extremadamente grosera del verbo “fornicar”; igualmente, en no pocos países del centro y sur de América, resulta común una palabra con la que se describe a una “chica joven” que en España se utiliza como término soez para referirse al miembro viril.
No obstante, las dificultades que originan las diferencias en la comunicación verbal no es el aspecto que complica más una buena comunicación intercultural, pues es una dimensión que suele resultar más o menos evidente del problema, y que por tanto los interlocutores suelen estar predispuestos a gestionar. Muchos más delicados son los elementos no verbales de la comunicación, a los que no solemos prestar atención consciente, pero que conforman una parte importante de la misma: comunicación espacial (distancia y disposición de los interlocutores), táctil (en qué medida los interlocutores toman contacto físico), gestual, y metacomunicación (sobreentendidos, presuposiciones, eufemismos comunes).
En este sentido, voy a ofreceros una pequeña lista de parámetros de la comunicación en los que pueden existir diferencias interculturales, y que debemos tener en cuenta cuando queramos hacer negocios con personas procedentes de culturas diferentes a la nuestra:
• Comunicación espacial y táctil: espacio usual entre los interlocutores, frecuencia y forma usual de contacto físico entre ellos. Por ejemplo, en algunos países de clima cálido podemos esperar que nuestro interlocutor se sitúe próximo a nosotros, y que sea relativamente frecuente el contacto físico entre personas del mismo sexo; algo que sería extremamente raro en el Lejano Oriente.
• Uso del tiempo: En qué medida debemos esperar puntualidad y ser puntuales, en qué medida nuestro interlocutor espera que el tiempo de una reunión debe estar acotado, si se espera que la relación genere contactos continuos o más esporádicos. Por ejemplo, un norteamericano probablemente encontrará exasperante que un vendedor de un zoco magrebí pretenda ofrecerle una infusión y entablar una larga conversación casual antes de iniciar cualquier trato comercial.
• Estilo de comunicación: Algunas culturas (denominadas de “bajo contexto”, como los alemanes, suizos u holandeses) utilizan una gestión del contexto muy limitada, forzándose los interlocutores a hablar con términos precisos y detalles explícitos. En otras culturas, es común que se dejen muchos detalles al contexto, presuponiéndose determinados comportamientos por factores sociales, culturales o religiosos. Igualmente, en algunas culturas el estilo de comunicación es muy directo (“sí” quiere decir “sí”, y la negativa se expresa con un simple “no”), mientras que en otras la forma en que se muestra aprobación o rechazo suele ser mucho más sutil, y se adorna la expresión con múltiples fórmulas de cortesía (por ejemplo, un chino podría afirmar que algo es “demasiado bueno” para expresar que no le gusta).
• Elementos físicos no verbales: Otros aspectos que debemos tener en cuenta son el ritmo de la comunicación, el tono de voz y la comunicación gestual. Por ejemplo, una persona de una cultura mediterránea puede resultar brusco a la mayoría de los habitantes de Latinoamérica, debido a su ritmo de comunicación caótico, con frecuentes interrupciones al interlocutor, y su tono de voz de alto volumen.
• Elementos sociales de metacomunicación: Aquí voy a citar aspectos como el concepto que esa cultura da al poder individual y jerárquico, en qué medida se mezclan los aspectos personales y sociales en la relación interpersonal, y en qué medida impera en los negocios el compromiso personal y de la organización. Esta dimensión nos marca en qué medida la comunicación va a estar influida por el carácter de la propia persona o por su rol dentro de una organización o sociedad.
Llegados a este punto, podemos preguntarnos cuál es la utilidad de esta lista de criterios, o más concretamente, ¿cómo podemos aprovecharla para realizar una comunicación intercultural más efectiva? ¿qué pautas generales de comunicación intercultural puedo ofreceros?
• Ser consciente de las diferencias interculturales: Ello nos permitirá saber qué podemos esperar de nuestro interlocutor, y lo que es aún más importante, tener presente qué tipo de imagen podemos crear de forma espontánea si no suavizamos alguno de los elementos de nuestra propia cultura. Por ejemplo, un español puede resultar brusco a un latinoamericano con su alto tono de voz, su estilo directo y su ritmo de comunicación desordenado.
• Utilizar la prudencia: Debemos estar preparados para ser flexibles con nuestro interlocutor, y a la vez ser muy prudentes para no generar falsas impresiones en él. En este contexto, resulta aconsejable ante la duda ser muy puntual y cumplidor en nuestras citas y compromisos; evitar intentar ser ingenioso o agudo hasta no asegurarse que se está utilizando de forma más o menos efectiva la comunicación verbal y no verbal; procurar ser a la vez cortés y preciso; y tratar de utilizar en los primeros contactos palabras lo más sencillas en inequívocas que sea posible.
• Utilizar la empatía: Una vez que somos conscientes de las diferencias, debemos estar abiertos a detectar los puntos comunes que existan entre ambas culturas. Una vez que uno se reconoce en la imagen que nuestro interlocutor puede tener de él, es más fácil aproximarse a su forma de pensar y encontrar y aprovechar áreas comunes. Ello nos puede otorgar una cierta ventaja, pues seremos mucho más efectivos a la hora de comunicarnos.
• Extremar las precauciones con canales de comunicación indirectos: Todos estos consejos son de especial importancia cuando no podemos establecer una comunicación directa (por ejemplo, lo hacemos a través de un intérprete, o incluso cuando lo hacemos en una lengua común que no es la nativa), o cuando utilizamos un canal de comunicación de bajo contexto no verbal (comunicación escrita o telefónica). En estos casos, debemos extremar las precauciones, pues es más fácil que se puedan producir malentendidos.
Con frecuencia, la comunicación intercultural falla porque se entabla desde la sobregeneralización, la ignorancia, y una cierta tendencia a magnificar las diferencias. Si vencemos nuestra tendencia natural a tratar de percibir el mundo a través de nuestros propios patrones culturales, podremos ser capaces de percibir el punto de vista de nuestro interlocutor, y de aprovecharlo en nuestro favor.
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Escrito por Ignacio Maroto Mateo
Antiguo Alumno Isead
http://emprendeme.blogspot.com/2010/09/comunicacion-intercultural-no-te-vayas.html