Aprendiendo a adminístrarnos a nosotros mismos

El líder primero es líder de su propia vida. Para liderar a otros primero se necesita crecer en el liderazgo de sí mismo: liderazgo intrapersonal. La perspectiva ancestral de los Proverbios del Rey Salomón trae sabiduría al respecto al referir que “mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea del espíritu que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). El filósofo chino Lao Tze también habla con sabiduría sobre el liderazgo de sí mismo: “Quien vence a los otros, es fuerte. Quien se vence a sí mismo, es poderoso”. El filosofo griego Platón expresa que “la primera y gran victoria es conquistarse a uno mismo”. Así mismo el autor y consultor organizacional Stephen Covey dice: “Las victorias privadas preceden a las victorias públicas”.

Resultaría paradójico ver a un líder pretendiendo liderar a otros, inspirar a otros, guiar las vidas de otras personas, manejar el negocio de otro, encaminar a sus seguidores hacia una visión organizacional, si él no es dueño de sí mismo, si no es capaz de manejar y dirigir adecuadamente sus emociones, si no está a cargo y se ha hecho responsable de su propia vida, si no tiene su propia definición de visión y proyecto de vida. En tales condiciones, ¿cómo podrá liderar a otros?

Los líderes necesitan, pues, aprender a guiarse y gestionarse primero a sí mismo antes de liderar a otros, lo cual implica aprender a administrar su tiempo, sus prioridades y sus propósitos…

Eficacia vs eficiencia

En la gestión del tiempo y de los recursos en general se puede ser eficiente y al mismo tiempo no ser eficaz. La eficiencia se refiere a la relación producto (resultado) – insumos; es la cantidad de cosas obtenidas, logradas o producidas con el uso de una determinada cantidad de un recurso. La eficacia relaciona el esfuerzo con el logro de objetivos; se es más eficaz cuando se cumplen más y mejores objetivos.

La eficacia tiene que ver más con si estoy haciendo lo que se necesito hacer, que con hacer en forma más rápida o con la menor cantidad de recursos. La eficacia tiene que ver más con “hacer las cosas correctas, que con hacer las cosas correctamente”. En ocasiones podemos sacrificar eficacia en aras de lograr eficiencia, pero en el largo plazo eso es desastroso. Como dice Peter Drucker: “Ningún grado de eficiencia puede compensar la falta de eficacia. Antes de dedicarnos a hacer algo en forma eficiente, tenemos que estar seguros de que hemos encontrado algo acertado para realizar.”

Ser eficaz implica saber cómo redimir o encontrar el tiempo para lidiar con las situaciones o asuntos cruciales de nuestra vida o de las organizaciones que lideramos. Cuando logramos, entonces, orientar y/o dedicar la mayor parte de nuestro esfuerzo, energía, atención y tiempo a aquellas “pocas cosas medulares” que determinan la consecución de los objetivos y metas personales u organizacionales, sin descuidar los “muchos importantes pero no medulares”, estamos desarrollando y construyendo eficacia.

Aprendiendo a administrarnos a nosotros mismos

Administrarnos a nosotros mismos, puede resultar más complejo, pero a su vez más eficaz que administrar el tiempo. El tiempo es una variable más definida y sujeta a medición. El ser humano es una entidad muy compleja y difícil de medir y evaluar. Requerimos, pues, contar con parámetros que nos retroalimenten sobre que tan bien estamos administrándonos a nosotros mismos y, en consecuencia, a las organizaciones que lideramos. Considero que existen tres criterios básicos contra los cuales podemos comparar nuestra gestión y resultados, para decidir si estamos realizando una buena gerencia de nosotros mismos y de la organización que lideramos. Estos tres elementos son: principios (valores), visión y misión.

Un viaje por barco reúne la definición de estos tres elementos. Podemos decir que si la vida es un viaje por barco, el propósito del viaje, es la misión; el lugar de destino, la visión; los principios, las estrellas que actúan como puntos cardinales que guían en medio de la noche.

La visión: Es el puerto de destino, el lugar al que queremos ir. Es una mira orientada hacia los resultados que queremos obtener. Es la representación hoy del futuro que queremos tener mañana. Necesitamos tener un enunciado propio de lo que queremos alcanzar y llegar a ser, que exprese un futuro positivo, alentador, motivador y factible. No podemos avanzar en la vida si no sabemos a dónde nos dirigimos. Por otro lado, la visión nos mueve a la acción y nos llena de energía. Estimula nuestro espíritu, nuestra mente, nuestros sentimientos y nuestro compromiso. Cuando tenemos una gran visión en nuestra vida y estamos emocionalmente conectados con ella, se crea en nosotros una gran motivación por llegar a nuestro lugar de destino.

La misión: Es la razón por la cual emprendemos el viaje. Tiene que ver con lo que uno quiere ser – carácter, y hacer en términos de aportación y logro – legado. La misión nos dice cómo vamos a hacer para satisfacer la visión. La misión es la entrega a la visión, como razón de ser en la vida. De esta forma, la misión se convierte en la norma, el punto clave para tomar las decisiones importantes acerca de la orientación de la vida, y también las decisiones cotidianas en medio de las circunstancias y emociones que nos afectan.

Los principios: Son las directrices o guías que orientan nuestras vidas, para asegurarnos que nos mantenemos en el camino elegido. Necesitamos una base firme que le de soporte a nuestras acciones. Cuando actuamos conforme a principios, claramente identificados, no vamos a ser movidos por las emociones o por las circunstancias, ni a reaccionar ante los problemas o adversidades, ni a ceder ante las manipulaciones de otras personas, sino que vamos actuar conforme a esos principios que hemos elegido como valor de vida.

A modo de conclusión

Liderar con efectividad requiere aprender a ser eficaz. Dice Peter Drucker: “La eficacia es una disciplina, y como cualquier disciplina puede aprenderse y debe aprenderse”. “No existe nada como una personalidad naturalmente eficaz” (Joseph A. Maciariello). No se nace eficaz, se aprende a ser eficaz, pero se requiere de disposición y motivación para ser eficaz. La eficacia puede definirse como un arte, y como todo arte, para desarrollarlo, se precisa de tiempo, esfuerzo y enfoque.

Para desarrollar eficacia necesitamos definir los cambios necesarios en nuestros hábitos, así como en nuestro cronograma de trabajo y en nuestras prioridades, de tal manera que podamos aprovechar las oportunidades y lograr eficacia personal y organizacional, no solo resultados, sino, fundamentalmente, valor agregado.

Se precisa desarrollar la capacidad de organizarse y trabajar bien, lo cual demanda el desarrollo de cinco hábitos o prácticas, según Peter Drucker:

* Gestionar el tiempo
* Colaborar con el resto del equipo y realizar aportaciones valiosas.
* Potenciar sus puntos fuertes y hacerlos productivos
* Concentrar los esfuerzos en aquellas tareas que son más importantes para conseguir unos buenos resultados.
* Tomar decisiones eficaces.

__________________________________

Publicado en degerencia.com

http://www.degerencia.com/articulo/aprendiendo-a-administranos-a-nosotros-mismos

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 84 seguidores

%d personas les gusta esto: